El día que coronel Antelmo vino a Tejupilco y terminó siguiendo a Zapata 


     Aprovechando que ya se viene el 20 de noviembre cuando conmemoramos la Revolución Mexicana, pues vamos de una vez entrando al tema de la Revolución, pero aquí en el Sur, algunos que no conocíamos de nuestra participación podríamos preguntar ¿Y nosotros que tuvimos que ver? la respuesta es, bastante, porque en nuestras tierras hubo grandes acontecimientos de lucha así que vamos comenzando de una vez.

     "Todo comenzó en junio de 1911. El maderismo había prendido en todo el sur del estado, especialmente en Tierra Caliente. Todo parecía estar en paz luego de la derrota de Porfirio Diaz y el ascenso al poder de Francisco I. Madero. El regimiento del coronel Antelmo se había quedado sin provisiones ni parque, por lo que se dirigió a la comandancia, instalada en la villa de Tejupilco, para hacerse del efectivo de esos fondos de la administración. Este era un acto común de las fuerzas revolucionarias; no era un robo, las más de las veces representaba u préstamo. uno forzoso.

-Si tal cosa hice fue porque estaba autorizado por el Plan de San Luis – Se defiende Antelo y justifica sus actos ante la falange revolucionaria que cabalga hacia el sur.

Desde el día 8 del mismo mes, los soldados y oficiales comenzaron a llegar a la villa para recibir el pago de su salario. La Pagaduría del Ejercito Libertador daba cuenta y razón de los gastos, en la medida de lo posible. Así se extendían recibos por cada menester del regimiento, como calzado, herrajes, comida, municiones, etc., mismos que serían pagados oportunamente una vez terminado el conflicto armado.

Tres días después, el coronel Antelmo entró a la villa de Tejupilco. De inmediato de dirigió al Hotel del Refugio, donde se encontraba la comandancia de las fuerzas revolucionarias, ahí lo esperaban ya el presidente municipal, Alfonso Giles, los señores Alfonso Orive y Trinidad Villegas. Ya reunidos, el teniente coronel Lázaro Pérez Cervantes tomo la palabra:

-Señores, estamos escasos de fondos y nuestras tropas tienen hambre y sed y a nombre del Ejercito Libertador, pues, les pedimos que nos entreguen lo que tengan ustedes -Sentenció el teniente mientras esperaba que el coronel hiciera acto de presencia.

 

-Lo lamento mucho teniente, estarán faltos de fondos, tendrán hambre y sed, pero no podemos darles nada …- respondió el presidente municipal. En ese momento entra el coronel Antelmo, quien se encontraba en un cuarto contiguo esperando el instante oportuno para intervenir.

-A ver Giles, ¿Cómo que no pueden darnos nada? – camina con su sombrero en la mano y deja al descubierto su cabeza calva. El coronel no es muy alto, pero su metro y medio de estatura es compensado con su barba y bigote entrecano que le imprimen dignidad y rudeza a su rostro.

- ¿De cuándo acá no hay fondos para las tropas? No me quieras ver la cara, ¡no te estoy robando pues!; ya sabes que te voy a dar un recibo, ¿o no? -Con cinco décadas vividas, pocas cosas toman por sorpresa al coronel, sus ojos prietos se posan firmemente en el presidente municipal. Son poco más de las seis de la tarde y el calor ha bajado su intensidad, pero Alfonso Giles ha comenzado a sudar:

- ¡Teniente! -Ordenó el coronel Antelmo con tono grave.

-¡Si mi coronel! – Respondió Lazaro y tomó del brazo a Orive y a Villegas empujándolos fuera del cuarto. Fue cosa de unos minutos, ni una palabra se dijo en ese lapso, la mesa de centro y la jarra con agua parecían entender la tensa situación; un silencio invadido el cuarto, solo el coronel se movía, acariciaba un listón tricolor que pendía de su tocado.

 

-Mi coronel, aquí esta. – Lázaro escoltaba al interior del cuarto al señor Miguel González, administrador de Correos de Tejupilco, que se mostraba visiblemente nervioso. 

Desde que el primer escuadrón llegó a la villa habían informado al coronel que algo no andaba bien en la plaza. Si bien el pueblo los cobijaba, los políticos y funcionarios se mostraban cada vez más hostiles. Al saber esto, Antelmo dio la orden de preparar la retirada y vigilar la salida y entrada de diligencias, Así fue como sus oficiales dieron parte del lugar donde los fondos estaban resguardados en la oficina de Correos. 

-Bueno …Señores, ¿en qué quedamos, pues? ¿Hay o no hay? -Sus palabras hacían en los presentes el efecto de una punta de acero clavándose en sus espaldas, El coronel Antelmo desenfundó su pistola y la puso sobre la mesa de centro, tomó asiento en una silla de paja y bebió un sorbo de agua fresca; sus anfitriones permanecían de pie. Miguel González vaciló, se puso descolorido, luego dijo con algún intento de serenidad.

-Mire coronel, tenemos muy pocos fondos y…

 

Los dedos callosos del coronel iban y venían sobre las brillantes municiones de su 30-30. Mantenía la mirada en ambos individuos; una leve sonrisa se percibía en su cara.

 

-coronel-interrumpió Alfonso Giles -solo contamos con no más de 30 pesos; por favor, es lo último que tenemos y además…

Ta bueno no se me pongan nerviosos- interrumpió el coronel. Se levantó de la silla e hizo un leve movimiento con la cabeza al teniente Lázaro Cervantes, quien sacó de la camisa una papeleta que puso sobre la mesa.

 

-Son 28 pesos y 78 centavos, ya lo conté fírmenle para que a su recibo le ponga el sello - dijo el coronel al momento que puso sobre la mesa un pequeño saco de manta de la oficina de correos.

 

La noche los encuentra a medio camino, están prontos a llegar a su destino. El coronel da la orden a su regimiento de acampar junto a los peñascos para refugiarse de un posible ataque. El silencio nocturno lo embriaga y no le permite dormir. Sel levanta y se acerca al comal oloroso a tortillas y chile; se arrodilla y arroja algo; es un listón, el listón tricolor que pendiera del tocado del coronel, ese por el que confió en Madero, ahora yace en el suelo a escasos centímetros de las brasas de la fogata. El coronel toma aire profundamente hasta hinchar sus pulmones y lentamente deja escapar:

-Chaparrito cabrón… ¡Viva Zapata!...

¡Viva la Revolución! "

 

Fuente: Tejupilco Memoria y Raíces

 


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