NECESIDADES EDUCATIVAS ESPECIALES

Luis Zamora

El maestro de ceremonias se esmeraba en su emotiva lectura de los nombres de los alumnos, al escucharlo, cada uno iba pasando al presídium para recibir su certificado de sexto grado de educación primaria, era su último pase de lista en esa escuela, en la que habían estado seis años, con diferentes maestros en los grados escolares, en el ambiente flotaban muchos sentimientos de los allí presentes.

“Juan González Miguel, Claudia Hernández Crisanto, Margarita Ramírez Avilés, Joaquín…” leía el maestro.

Al subir los estudiantes al estrado, los aplausos no se hacían esperar, eran de sus familiares y compañeros de salón, la emoción brotaba de las miradas de los padres de familia, las porras para los alumnos más populares de la escuela corrían a cargo de sus compañeros, era un día de fiesta casi para todos, hasta que llegó el turno de “Luis Felipe…”.

Él no avanzó como todos, un profesor lo tomó del brazo para llevarlo al lugar donde recibiría su documento, tenía problemas para escuchar, no había oído su nombre, tampoco percibió los aplausos porque no los hubo, mucho menos una porra, su “martirio” en la escuela primaria llegaba a su fin, sus padres no estaban en ese lugar, únicamente su abuelita, una señora ya entrada en años quien le acompañaba.

Al caminar hacia donde lo llevaban, sus pasos inseguros denotaban angustia, su gran estatura no fue suficiente para vencer sus miedos, el escenario preparado para la ocasión lo intimidó mucho; cuando le extendieron el folder no atinaba en recibirlo, tampoco extendió su mano para agradecer como lo hicieron todos sus compañeros, sin embargo continuó su trayecto, hasta el final de ese presídium donde ya no había nadie y era simbólicamente el final de sus años en la primaria.

Luis Felipe presentaba problemas de lenguaje y según los diagnósticos que la escuela le hizo, también tenía lenta retención, algunos de sus compañeros murmuraron que él no sabía ni leer, ni había aprendido los contenidos que imparte la escuela, de hecho su maestra de sexto casi no le hacía caso, terminó la primaria de milagro, aseguraron algunos.

El año escolar que terminaba fue particularmente difícil, se asegura que su profesora ya no lo toleraba, “no hacía ningún trabajo, muy de vez en cuando ponía atención en algún texto de los libros, no se sabe las operaciones aritméticas; cuando estas con él y le haces una narración, si le preguntas qué fue lo que pasó al inicio, no recuerda nada, todo se le olvida, quizá por esta razón sus compañeros no lo aceptaban en los equipos de trabajo y regularmente lo mantenían aislado, así fue la mayor parte del tiempo de primero a sexto…”, dice una profesora que fue su maestra en tercer grado.

Luis Felipe es uno de tantos casos que hay en las escuelas, está clasificado como un alumno con necesidades educativas especiales, con la obligación de ser integrados a los grupos llamados regulares, en donde por obvias razones no pueden tener el mismo rendimiento que el resto de sus compañeros y los profesores no pueden brindarle el mismo trato, sin que esto signifique exclusión, ni mucho menos discriminación.

La escuela no logra resolver estos planteamientos altamente humanos y complejos, no con los programas hasta hoy implementados, como educación especial, tampoco las canalizaciones a la facultad de psicología, no se cuenta con alternativas psicológicas y pedagógicas serias que debiera proponer la Secretaría de Educación, quien seguramente dirá lo contrario, pero ello no logrará que el alumno egresado con los problemas enumerados logre leer y redactar para seguir exitosamente sus estudios.

La música de las golondrinas ha dejado de tocar, el patio de la escuela va quedando vacío, la abuelita suavemente toma la mano de Luis Felipe y caminan rumbo a la salida, van de regreso a casa, con el folder recibido bajo el brazo, ya nada hay que hacer en esa institución, el rostro del alumno poco a poco se irá desvaneciendo del referente escolar, de la mente de los maestros y de la educación misma. ¿Qué rumbo llevará?, nadie lo sabe, lo cierto es que su certificado quizá sea el más grande logro de su vida escolar. 



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